Dar pasos hacia un crecimiento fuera de proporción es dar
sin duda un salto cuántico,
término que se usa en la física para
describir “cuando un electrón cambia de nivel dentro del átomo, teniendo un
salto que parece ser discontinuo, ya que el electrón desaparece de su órbita
original y reaparece instantáneamente una o varias órbitas más arriba”.
Cuando un salto cuántico es espiritual,
se alcanza un nivel de armonía interna con nosotros mismos y la tierra,
llegando a niveles que un ser humano no puede cumplir por sí solo. Para este
principio, se debe aplicar la sabiduría y comprender la vida, cosa que no se
realiza de la noche a la mañana, porque requiere un esfuerzo.
Asimismo, en la práctica de este principio se promueve la aceptación, siendo esta una de las etapas más difíciles de todo ser humano, ya que tenemos que aceptarnos tal y como somos, con nuestros defectos y virtudes.
Una vez superado este, comienzan tres grandes cambios según
lo explica Víctor
Polo: el físico, emocional y mental.
Cambios físicos: La persona comienza a sentir dentro de su cuerpo un flujo
de energía, con mucha intensidad en algunas oportunidades y, en otras, una
fuerte oleada de corriente por todo el cuerpo. Esto se da porque el “fuego
angélico” se encuentra en este momento sanando el espíritu y acabando todo lo
tóxico que se encuentra en el alma.
Cambios mentales: Se pueden experimentar conflictos y choques de
pensamiento, pero todo está en la mente, y esa es la que hay que educar. Lo
importante es vivir la experiencia.
Cambios emocionales: Al momento de la experiencia, muchos tienen las
emociones a flor de piel, piensan que están locos o incluso pueden llorar.
Mientras que tu mente y espíritu entienden lo sucedido, tómate el viaje
tranquilo y disfruta.


